Idea rehen
Resumen:
En la huida del palacio presidencial por el túnel, Mitch tardará demasiado en llegar. Cuando llegue llevará consigo un lobo inconsciente. Más pequeño que Mike, mencionará que lo llevará para interrogarlo.
Mas tarde en la casa de Tech, Sarah podrá oír como en una habitación pequeña estará Mitch interrogando al lobo. Oirá gritos, golpes y las preguntas de Mitch.
Sarah No podrá soportar escuchar los ruidos de la habitación asi que ira a decirle a Mitch que pare el interrogatorio y la tortura.
Al entrar Sarah verá al lobo con la cabeza llena de sangre y le faltará la oreja derecha entera. Sarah discutirá con Mitch por llagar al punto de cortar una oreja al lobo.
Exigirá que traiga un botiquín y ella misma se acercará a desinfectar y vendar la cabeza del lobo. Este viendo la acción de ella dejará de actuar con la locura con la que estaba respondiendo a Mitch y se calmará.
Mitch antes de irse con Sarah y dejar al lobo encerrado dirá algo como "Si no fuera por la humana habrías perdido la cola".
Mas tarde Mike le explicará a Sarah que las orejas y la cola son extremadamente importantes para los habitantes de Animalia. Perder una de estas partes hará que un habitante sea mal visto, foco de las miradas y prejuicios.
Explicará que en ese mundo se suelen ver como símbolos de traición o de vida criminal porque serían los criminales como La garra dorada los que comúnmente mutilarían así a los integrantes que traicionen o no cumplan con las ordenes que los superiores les den.
Fragmento:
Me encuentro sentada en el salón, escuchando los gritos ahogados y los golpes sordos que llegan desde la habitación contigua. Cada sonido me tensa un poco más el cuerpo. No quiero imaginar qué estará haciéndole Mitch a ese preso.
Sea lo que sea, solo espero que no se exceda. Al fin y al cabo, él y yo somos los únicos capaces de tratar heridas graves… y Mitch no es médico. Si esto se va de las manos, solo quedo yo.
He tratado muchas heridas a lo largo de mi vida. Soy veterinaria. Aun así, los cuerpos de esta gente no se parecen en nada a los de los animales comunes.
Tras unos largos minutos de un silencio únicamente invadido por los ruidos de la habitación, realmente no puedo soportarlo más.
Lleva al menos una hora torturándolo. Si sigue así, acabará matándolo. Y, con Mitch, eso no sería ninguna sorpresa.
Me levanto.
No puedo seguir fingiendo que no lo oigo. Lleva demasiado tiempo ahí dentro. Demasiado incluso para Mitch.
Camino hasta la puerta y llamo, esperando permiso para entrar. Apenas pasan unos segundos cuando se abre y el zorro aparece ante mí, mirándome con expresión inquisitiva.
—¿Qué pasa, Sarah? —Me pregunta arqueando las cejas en señal de duda.
Trago saliva.
—Yo... Creo que deberías dejarlo por ahora.
Mitch guarda silencio durante un instante. Sus orejas apenas se mueven cuando responde.
—Aún no me ha dicho nada. No pararé hasta que lo haga.
—Vas a matarlo.
No levanto la voz. No hace falta.
—¿Y qué importa? —responde, frío—. Se lo merece.
Las palabras me golpean más fuerte que cualquier grito.
—No puedes decirlo en serio, me prometiste que no te excederías.
Sus orejas caen ligeramente. No es arrepentimiento. Es consciencia.
—Déjalo por hoy —digo al fin—. Si no ha hablado, no lo hará aunque sigas torturándolo.
Mitch suspira. Se aparta de la puerta.
Y entonces lo veo.
Es una auténtica carnicería. Sangre en el suelo, en la silla, en su propio pelaje. Cortes, hematomas, heridas abiertas… pero nada de eso es lo peor.
La oreja derecha del lobo ya no está entera. Más de la mitad ha desaparecido, sustituida por carne desgarrada y sangre aún fresca.
—¡MITCH!.
Se gira sobresaltado.
—¿¡LE HAS CORTADO UNA OREJA!? —Mi voz ahora sale con una furia que ni yo misma he presenciado alguna vez.
—Hice lo que había que hacer para...
—¿Hablas en serio? —Mi voz ahora no es de ira sino de profunda decepción.
Mitch agacha las orejas y baja su mirada evitando mirarme a los ojos.
—Tráeme ahora mismo un botiquín y más tarde hablaremos. —Le ordeno con un tono ahora más serio.
No es una petición, es una orden y lo sabe perfectamente.
—Vale. —Responde Mitch casi murmurando y aún sin levantar la cabeza.
Tras esto sale de la habitación pero no sin antes darse la vuelta y dirigirse hacia el lobo que aun está confundido en la silla.
—Tienes suerte lobo, si no fuera por ella habrías perdido la cola también.
Le lanza una sonrisa siniestra al lobo y sale de la habitación. Permanecemos unos segundos en silencio hasta que el lobo habla.
—Le tienes con una correa bien corta eh. —Su voz es despectiva e incluso burlona. Quizás trata de provocarme. Pero decido seguirle el juego.
Me acerco hacia él quedando cara a cara.
—Esa correa corta de la que hablas... Es por lo que aún estás vivo.
El escupe algo de sangre hacia un lado y se ríe. No sé si está desquiciado o si es su mecanismo de defensa.
—No esperaba que una asquerosa humana pudiera tratar con ese desgraciado. Siendo quien es, me sorprende que no te haya matado el mismo.
El lobo se ríe pero se ve obligado a parar por el dolor que le provoca moverse. No voy a permitir que me insulte, no después de lo que estoy haciendo por él.
—Deberías tratarme con un mínimo de respeto si quieres que Mitch aguante las ganas de hacerte más daño.
—¿Respeto? Ningún puto humano merece respeto.
—Piensa lo que quieras de mí, pero ahora respetarme es lo único que va a salvarte. Así que, si no vas a hacerlo al menos actúa como si lo hicieras cuando él vuelva con el botiquín.
El lobo vuelve a reírse aunque no sé que es lo que le hace tanta gracia.
—¿Ahora quieres ayudarme? Pensaba que los humanos eran inteligentes.
—Más de lo que algunos de vosotros parecéis. —Le devuelvo el insulto.
Antes de que pueda responderme la puerta se abre y entra Mitch con un botiquín en sus patas. Me acerco para agarrarlo.
—Gracias, Mitch, ahora necesito que me dejes curarlo. Déjanos solos por favor. —Le digo aún en tono serio haciéndole saber que sigo enfadada con él.
—¿Crees que es seguro? Podría hacerte daño. —Expresa toda su preocupación a lo que yo niego con la cabeza.
—Te aseguro que puedo arreglármelas sola y no creo que vaya a hacerme daño. ¿Cierto? —Digo girándome para mirar al lobo que no tarda en responder.
—No le haré daño a tu perra humana.
Mitch empieza a mostrar sus dientes, claramente impulsado por ese insulto. Soy consciente de que esa provocación puede hacer que se lance directamente a matar así que no tengo más remedio que calmarlo.
—Déjalo, no vale la pena enfadarte por eso. —Niego interponiéndome en su visión. —Ahora sal de aquí por favor.
El zorro me mira con ojos suplicantes, como si me instara a cambiar de opinión, pero no cedo. Termina saliendo de la habitación dejándome a solas con el lobo.